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Puente de Letras 15: Editorial

La cortada del coronavirus ha llegado a Cuba para cerrar aún más el cerco contra la cultura independiente.

Una vez que los represores y comisarios de la censura tardocastrista comprendieron lo útil que podían ser, en términos represivos y de control sociocultural, las medidas de protección contra la pandemia, pusieron manos a la obra entusiasmados. El Decreto Ley 370, como antes el 349, emerge entonces como una medida expansiva, de la que son víctimas periodistas y escritores independientes como Jorge Enrique Rodríguez y Roberto Quiñones-Haces, o poetas como Ghabriel Pérez, citado por la policía por pretender leer un poema el pasado 7 de julio frente a la estatua del general Calixto García, en un parque de Holguín.

Recientemente, a propósito de la emergencia sanitaria internacional provocada por la expansión del coronavirus, el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) lanzó una campaña en pos de la liberación de los periodistas encarcelados en todo el mundo, mencionando el caso de Quiñones. “Para los periodistas encarcelados en países afectados por el virus, la libertad ahora es una cuestión de vida o muerte. Los periodistas encarcelados no tienen ningún control sobre su entorno, no pueden optar por el aislamiento voluntario y a menudo se les niega la atención médica necesaria”, aseguró el CPJ.

Pero, de cara a la represión en Cuba, la coartada del coronavirus no solo se expresa contra la cultura independiente y sus creadores. Otras minorías y segmentos socioculturales son también víctimas de ella. Como ha apuntado el ensayista y activista por los derechos civiles Juan Antonio Madrazo:

“El shock del Covid 19 está interactuando con todas las desigualdades y vulnerabilidades. El racismo no está en cuarentena. La vida de jóvenes como Hansel Moreno, ultimado por la policía cubana en junio pasado, tiene una circularidad permanente entre los bordes de la marginalidad y la cárcel. Jóvenes como él están más expuestos a situaciones de violencia, adicciones, familias disfuncionales, arbitrariedad, discriminación de las autoridades y aplicación de perfiles raciales por parte de agentes del orden”.

O como ha escrito el pastor y activista cultural Mario Félix Lleonart:

“El sistema cubano aprovecha un momento de gran temor e incertidumbre durante la crisis pandémica del coronavirus para aumentar su represión contra el arte independiente y la iglesia cubana. Las autoridades aumentaron su acoso, intimidación y detenciones injustas de líderes y sus familias, incluso violando las restricciones de salud pública emitidas por el propio sistema. La dictadura está intensificando su represión incluso cuando la Iglesia en Cuba extiende su mano para ayudar a las comunidades vulnerables, como las personas mayores y los pobres”.

Un estado de cosas viral que extiende y retroalimenta, frenéticamente, la represión cultural de los últimos 61 años en Cuba. Así, el Dossier de este número 15 de Puente de Letras echa una mirada a lo que va de un 2020 bajo dos cuarentenas estrechamente ligadas: La cuarentena del Covid 19, circunstancial pero también liberticida, y la cuarentena permanente contra la independencia individual que desde la segunda mitad del siglo XX, y en todo lo que va de siglo XXI, aún subyuga a los cubanos.