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La Revolución Cubana: Desilusión, desengaño, desencanto, contrariedad, fiasco, fracaso, engaño, chasco y/o burla.


El Comunismo aconteció en Occidente. En una sociedad monoteísta, donde la religiosidad se había desplazado del cielo a la tierra.

  Su motivo es estrictamente humano, social, no divino.  Pertenece a la vida terrena, no a la celeste.

Raymond Aron define el Comunismo como " una versión degradada del mensaje occidental, que retiene su ambición de conquistar la naturaleza y mejorar el destino de los humildes, pero sacrifica lo que fue y tiene que seguir siendo el corazón mismo de la aventura humana: la libertad de investigación, la libertad de controversia, la libertad de crítica, y el voto."

Ha sido y es además, un experimento socio- político para crear un hombre nuevo despojado de su esencia espiritual,  siendo considerado por algunos autores alemanes como una especie de sustituto de la religión.

Pero alma y cuerpo, materia y espíritu, no son  cosas distintas, sino  aspectos distintos de un mismo ser; es decir, son dos maneras de conocer el ser y el actuar en sus distintas manifestaciones. No es que el ser humano sea la unión de dos sustancias; es que su ser lo podemos entender desde distintos puntos de vista, irreductibles el uno al otro si se quiere: el punto de vista que considera lo cuantificable, lo repetible, lo verificable, lo experimentable, y el punto de vista que considera lo irrepetible, lo único, lo singular, lo valioso en sí mismo.

El régimen cubano, en su intento de controlar el país, y basado en los postulados marxistas,  no ha tenido en cuenta la singularidad del ser humano, negándole todos sus derechos.  Ha monopolizado y nacionalizado, no solo el patrimonio tangible del país, sino el intangible, es decir,  aquel que está constituido por aquella parte invisible que reside en el espíritu mismo de la  cultura.  Lo ha realizado empleando la violencia, el engaño, la manipulación,  la represión,  la  deslegitimación y el maltrato de los ciudadanos cubanos.

La tarea de Ordenamiento implantada en Cuba, es la última expresión de lo que “aparentemente” se venía  a combatir.   La máxima de que los polos opuestos se tocan cobra todo el sentido en esta ocasión. Las mentiras de la Revolución,  el incumplimiento de sus objetivos, el enriquecimiento bochornoso de sus líderes, el desprecio por el pueblo, no solo respecto a sus necesidades materiales sino a sus anhelos personales, ha resultado ser una de las mayores estafas del siglo XX.    El engaño, como sistema de manipulación, basado en las falsas e incumplidas expectativas, parece ser casi una burla.

El pueblo cubano en su conjunto creyó en las promesas realizadas por “aquella” Revolución y se sacrificó para ayudarla a conseguir unos hipotéticos objetivos que nunca llegaron a materializarse.  

Una  promesa supone un compromiso con otra persona o contigo mismo. Cuando la pronunciamos estamos declarando que tenemos la firme voluntad de hacer algo específico. Y eso le da confianza a la persona que la recibe o, cuando menos, el derecho a reclamar o a molestarse si no realizamos lo acordado.

El incumplimiento de una promesa merma la credibilidad,  genera enojo y también desconfianza.   La sociedad tiene todo el derecho, por el principio de reciprocidad, a recuperar su sentido de la vida, su alegría de vivir, su status, su familia, es decir no sólo su futuro sino su presente en libertad y prosperidad.   Tiene el derecho a reclamar todo aquello que quedó inconcluso y el gobierno  revolucionario tiene la obligación de  saldar la deuda histórica que tiene contraída con la nación cubana.  

21 de marzo de 2021
Elena Larrinaga de Luis

RFC, PDC