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Opiniones

Como si fuéramos a La Habana

Lilo Vilaplana, un escritor y director cubano de cine y televisión que vive en el exilio, es el dueño de una extraña y poderosa compañía de viajes. No tiene aviones ni guías turísticos. Es talento puro, sensibilidad, emoción y compromiso con la libertad que consigue llevar a los espectadores hasta la áspera y peligrosa realidad de su país. Yo acabo de regresar de una visita de 30 minutos a La Habana con el corto La casa vacía, una obra de ficción que retrata unas vidas y descubre el espíritu de la marginalidad, la represión y la incertidumbre.

La cinta, realizada con pocos recursos y filmada en Miami con un elenco de actores de primera categoría, cuenta una historia de amor entre dos jóvenes y, a través de esa historia, entra en algunos de los asuntos más graves que padece la sociedad cubana de hoy: la división familiar, la obsesión de salir de la isla en precarias balsas y arriesgar la vida en el mar para librarse de la dictadura a encontrar el provenir en otro sitio y la violencia policial contra los grupos de la oposición pacífica.

De hecho, el filme muestra escenas que parecen tomadas directamente en las manifestaciones dominicales de las Damas de Blanco. Es el oficio de Vilaplana y la eficacia de sus colaboradores lo que consigue convencer a quienes se asoman a la pantalla que están en La Habana real, en medio de sus ruinas calientes y sus aromas intensos. El guión parte de un cuento escrito por el mismo director.

Se trata de una película necesaria para acercarse a los conflictos de las nuevas generaciones de cubanos y muy importante como testimonio de una época violenta y pobre que los propagandistas del régimen se empeñan en folclorizar para venderla como parte del programa de turismo.

A todas estas, La casa vacía es una obra de arte. Vilaplana organizó un viaje similar a este el año pasado con una película de 27 minutos: La muerte del gato. Rigor, profesionalismo, humor, ironía y fuerza para dejar atrapada otra zona de la atmósfera verdadera que cubre aquella geografía.

Lilo Vilaplana comenzó su trabajo como director en la televisión cubana. Viajó a Colombia en los años 90 y allí ha dirigido telenovelas y seriales de trascendencia en todo el continente como El Capo. En el año 2015 ganó un premio Emmy Internacional con el episodio El Infierno de Montoya, del serial Arrepentidos de la televisión colombiana. La casa vacía, estrenada hace dos semanas, ha tenido gran resonancia lo mismo en Nueva York, Roma, Buenos Aires que La Habana, donde se ha visto en salas privadas entre artistas rebeldes, opositores y grupos de jóvenes. También se distribuye de mano en mano con la discreción que impone un material perseguido por la dictadura. Cada día se hace más necesaria la compañía de viajes de Lilo Vilaplana.